La sartén y el mango

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Tres episodios culinarios con mi papá

Enviado por Isidora Díaz el 18/06/2011 a las 16:25

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I

Siete de la mañana. Tapada hasta el cuello. El graznido de los queltehues en las vegas cercanas. La lluvia insistente y ruidosa. Sobre ese ruido, como un personaje que entra con sigilo en la escena, un ruido circular, constante y ronco. Un ruido manual, impulsado por manos humanas; a pulso, con sueño. De a poco se me metía por las orejas, despertándome suavemente. Era mi papá moliendo café. Todas la mañanas de mi infancia. Todas.

Al rato la luz que se prende, el “clac” del tazón en el velador. Un par de veces que no quise despertar entraba el perro: inmenso, negro, peludo y tan helado como sólo puede estarlo un perro que duerme en el patio en pleno invierno. Con la nariz mojada olía y buscaba, mientras desde debajo de las sábanas se escuchaban mis risas y desde la puerta de la pieza, las de mi papá. Como un grito de bruja de ultratumba, luego se escuchaba el “saquen al peeeeeeeeerrrrrrrooooooo!!!!!!” de mi mamá.

El café en el velador. La cafeína desde los tres años.

No es broma, desde los tres mi papá me daba un cafecito de grano y unos huevitos a la copa. Desayuno de campeones, y luego directo al jardín infantil a colmar paciencias. Hasta el día de hoy, no se me junta el alma con el cuerpo sin un buen café de verdad en las mañanas. En todas las mañanas. Gracias papá; por tu culpa comienzo cada día con un pequeño ritual, igual al tuyo.

II

Diez de la mañana. Mis hermanos con caña durmiendo, mi mamá trabajando en el restaurant  y nosotros iniciando el paseo sabatino en busca de víveres para armar el asado. Primera parada: donde Darío, que vendía el diario. Creo que aún no puedo decir bien “el diario donde Darío”. Una vez llegamos en el Datsun Laurel beige: un verdadero tanque. Mi papá paró el motor, abrió la puerta distraído y una fila entera de evangélicos en bicicletas mediapista se hizo ruma. Uno tras otro iban cayendo. Yo sé que igual se reía por dentro. Yo todavía me río.

Segunda parada: la feria. Mi papá eligiendo de a una las cosas. Mirando toda la feria primero, eligiendo con la vista y luego cada cebollita o pera o durazno, de a una. En este puesto las cebollas, en este puesto el merkén, en este otro, el ajo. Una bolsita de pasas o aceitunas para la regalona. Las señoras lo ubicaban. El caballero grande de barba con gorra azul marina.

La carne había sido comprada el día antes. Nada de improvisaciones a la hora del asado. Comprar carne no es como comprar un kilo de pan. Se encarga, se elige, se mira bien. Con el tiempo, los carniceros lo fueron conociendo e incluso recientemente, el dependiente del supermercado que ve los cortes le guardaba los asados de tira más nuevitos y carnosos. La longaniza se va rotando. Aquí está buena ahora. Cuando se echa a perder (más grasa o cambio de aliños), vamos probando la de otro lado.

Última parada: el carbón. En una casa negra con señora negra, como canción de la Violeta, comprábamos el carbón negro que venía en bolsas negras.

En la casa, mientras mi papá intentaba controlar su emparronado de aquel tiempo, se prendía el fuego. En ese tiempo la parrilla siempre estuvo en el suelo. Una caja de lata grande mandada a hacer a medida con una parrilla que se le ponía encima. Para hacer el asado había que agacharse. Es como si viera a mi papá con el emparronado convertido en chasquilla “emo”, y con las eternas manchas de sal en el pantalón.

Yo miraba, atenta, aprendiendo sin querer. Así fui armando mi inventario personal de cortes, usos y tiempos. A los ocho meses me daban costillitas de chancho asadas para que chupara. A los 10 años, cuando estaba en scout, hice mis primeros asados, con éxito. A los 16, en tercero medio, me mandé 7 asados seguidos para Fiestas Patrias. “Asadora” me pusieron.

Antes de que yo naciera, para poder hacer asados en invierno, mi papá mandó a hacer una parrilla a la medida de la chimenea del living de la casa (en la foto al inicio). Asados de invierno, con lluvia, en el mismísimo living. Una idea genial; una demostración práctica de la inventiva de un gourmet amateur adelantado a los tiempos.

III

Era el acabóse. El hito anual del desastre. Se sentía con varios días de anticipación. Ante la sola noticia, mi mamá comenzaba con las advertencias y casi, amenazas. Y es que tenía razón. Cual Fukushima, desde mi domicilio comenzaban a salir gases extraños. Lacrimógenos. Medios morados, calientes y picantes. El ajetreo de la cocina, con mi papá moliendo cosas, picando otras, con infinitos coladores, embudos, vasijas y botellas. Yo tenía prohibido molestar. Es peligroso, me decían, mientras por la ventana de la cocina, empinándome, miraba hacia el patio. En una cocinilla de camping de esas antiguas una olla gigante, y luego otras (tal vez era la misma, no sé), humeaba, humeaba, humeaba, por horas, mientras un energúmeno con emparronado la revolvía con gozo. Luego de eso, el brebaje reposaba otros tantos días en la cocina, durante los cuales la fragancia evolucionaba, maduraba, hasta que por fin llegaba a oler rico.

Salsa Inglesa. Eso era.

La receta era del “Recetario Industrial”, un libro mítico en mi familia que explica muchas cosas (desde la salsa inglesa hasta la mermelada de naranjas amargas), y que tuvo un origen y una desaparición igual de misteriosas Ahora lo encontré en Google y casi lloro de emoción. Son más 1000 páginas de misterios resueltos. Entre ellos, la famosa Salsa Inglesa. Luego del proceso, era vaciada a varias botellitas y duraba un año entero. La receta de mi papá no es la misma del libro; tiene algunas variaciones. Lleva muchas especias (que hace 15 años eran casi imposibles de conseguir en un pueblo), algunos frutos secos, vinos, vinagres, vinillos y quizá qué más.

Me propuse hacerla yo misma este invierno. Si lo logro, les cuento.

 

Estos tres episodios son una muestra. Mi papá ha estado durante toda su vida buscando, experimentando, investigando. Desde el Recetario Industrial a los libros de Arguiñano. Desde recetas escuchadas por ahí al pasar, hasta Internet. Cada dos años o tres años, más o menos, viene un experimento nuevo. Sopa gallega, paella, caldero chino, una olla con un hoyo al medio, mermeladas...a ver con qué nos sale para la próxima.

Papá,  gracias por enseñarme tantas cosas, y sobre todo, a disfrutar de la vida.

¡Feliz día!

 

Pd: Aquí el Buscador de Recetas Chilenas, con una completa lista de otras blogueras y blogueros que escriben a sus padres. http://buscadorderecetaschilenas.blogspot.com/

 

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gloria
gloria el 18/06/2011 a las 20:54

Que bueno Isidora, primero pienso que tu papá es maravilloso! a eso de moler café todos los días, una maravilla) (mis niños tambien toman café desde chicos) y las anécdotas de tu papá muy buenas, me reí mucho con los pobres evangelicos.

Le deseo un muy feliz día a tu papá!! y te mando un abrazo


Pilar
Pilar el 18/06/2011 a las 21:54

Que entretenido tu papá, se pasó, encuentro que las personas que estan abiertas al cambio y a experimentar son súper interesante. Felicidades a tu papá!

Gracias por sumarte al evento!


anabella
anabella el 19/06/2011 a las 11:17

Ahá!

Aqui ha quedado retratado para la posteridad el co-responsable de la digna hija amante de la cocina y las comidas. Ya sea desde el formato parrillero, al guisado, pasando por el en letra de molde, el audio visual y todos lo existentes.

Que lindos recuerdos, ahora esperaremos tu versión de la salsa Inglesa.

Un abrazo a tu papá, ¿ya vio tu post/regalo?


Pamela
Pamela el 20/06/2011 a las 16:17

Qué homenaje más lindo le has hecho a tu papá, me imagino cómo estará babeando, un gran tipo tu viejo. Me emocionaste!


cocoperalta
cocoperalta el 20/06/2011 a las 21:28

Grande!!!!!!! con la chela "Escudo" al lado de la "parrilla chimenea", es un idolo!!!!!!! de tal palo tal astilla... grande Isi!!!!!!!!!. saludos. cocoperalta


gloria
gloria el 21/06/2011 a las 17:49

Isidora tambien tengo queltehues en la parcela y es típico en la mañana que nos despiertan ahora cuando los escucho me acuerdo de tus historias! que bien escribes! un beso, gloria


José Luis
el 04/12/2011 a las 22:09

Isidora, te felicito por tu pagina, y sobre todo tu forma de relatar tus historias y consejos. Puedo estar toda una tarde viendo tus articulos, mi mujer me pregunta que pagina estoy viendo que me rio tanto.

Saludos desde Negrete VIII region (creo que tuve suerte en encontrar tu blog.)


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