La sartén y el mango

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Frutillas Blancas de Manzanar Alto

Enviado por Isidora Díaz el 16/12/2011 a las 18:29

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La frutilla blanca sobrevivía en mi memoria, guardada en el cajón de las cosas que uno sabe que no debe olvidar. La imagen que tenía era la de una fruta rara, encontrada siempre por suerte en la feria del pueblo e inmediatamente convertida en ponche por “los grandes”. A veces estiraba la mano y lograba probar alguna, bien chica, tibia y media machucada. Si no atinaba, perdía no más.

Me acordaba perfecto del perfume/aroma. No me gustan esas palabras; son como cursis. Pero la frutilla blanca huele cursi: a perfume dulce, a esencia de frutilla de brillo labial, a rosas quizá... a ángeles, a amor. Puras cosas cursis. De sabor es dulce, pero no tanto. Su carne es blanquísima, jugosa y suave.

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Es la reina de las frutillas; el antepasado noble que todos aseguramos tener.

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Tengo un hermano muy entusiasta que vive en Concepción. Cuando supo que iba a Arauco a pasar un fin de semana largo me llamó desesperado, como si me fuera a informar que había descubierto un continente y que me lo iba a regalar.

-“Isi, este fin de semana es la fiesta de la frutilla blanca en Contulmo”.

-“Vamos” le dije.

-“Vamos” me respondió. “Y pasamos a buscar longas de Pichihuillinco”.

-“Yaaaaaaaaaa”.

Así que me puse a soñar despierta con mares de frutillas blancas entre casitas alemanas entre araucarias entre bosques nativos entre bosques de pino entre lagos azules con cisnes de cuello negro.

Me instalé a googlear para dar con el cronograma del festival. Llegué a la página web de un medio local. Salía que justo el día en que íbamos a ir, toda la fiesta se trasladaba a Pichihuillinco, el caserío cercano del que provienen las longas que encabezan mi ranking personal. Allí habría un almuerzo campestre con productores de frutilla blanca para el que había que inscribirse con anticipación.

Llamé al teléfono que salía para anotarme cuanto antes en el idílico panorama.

-“Susana, te llamo para inscribirme para el almuerzo campestre que hay el jueves 10 en Pichihuillinco... sabes, yo tengo un blog de comida y quisiera ir y sacar unas fotos y....”

-“Ahhhhhh, noooo, si es festival de la frutilla blanca no es este fin de semana, es el otro que viene, del 16. Y además yo ya no trabajo en turismo, ahora trabajo en tránsito en la Muni...”

- "Ah"

Se me derrumbó el mundo. Cajones de frutillas blancas caían en el abismo de la desilusión.

Y derrepente me pegué el alcachofazo y el mundo con sus frutillas se me volvió a armar.

-¿Y tú Susana por casualidad no conoces a algún productor al que yo pueda ir a ver?

Cuento corto: Susana se la jugó, coordinó todo por la pura buena onda y me mandó este mapa:

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Google Earth y Google Maps son un gran aporte a la humanidad.

Iría el jueves desde Arauco a Manzanar Alto a ver a Don Aurelio y sus frutillas. En total son unas dos horas y media de viaje.

Habíamos acordado juntarnos a la una de la tarde en el “Sector Escuela”, a unos 25 minutos desde Contulmo, por los cerros para arriba (camino de ripio en buen estado, con harta curva y pendientes)

De repente nos encontramos con una escuelita y una vaca. Paramos el auto. No había nadie. Estábamos sin señal de celular y no se escuchaba nada más que los pajaritos y los mordiscos de la vaca en los hierbajos al borde del camino. Le preguntamos a ella por don Aurelio pero parece que no lo ubicaba.

Desde el “sector escuela” el camino se dividía en dos. Un camino para arriba por un cerro y otro camino para abajo por otro cerro. Y eran cerros-cerros, no cerritos.

Como somos optimistas elegimos el que subía. Anduvimos unos quinientos metros. A través de un cerco vimos a un señor bien colorado haciendo algo como desmalezar. Le preguntamos si conocía a Don Aurelio y nos hizo el clásico gesto de estirar la boca hacia el lugar al que se está indicando. Así que para allá fuimos. Era exactamente a la vuelta de la loma.

Abrimos la tranca y bajamos hasta una casa de madera bien bonita, barnizada a la perfección, con una terraza grande de esas que se construyen pensadas en pasar infinitas tardes a la sombra.

Don Aurelio y su familia son microempresarios de la frutilla blanca. Tienen camioneta con logo, tarjetas, sitio web y despachos a Santiago que se piden por celular y se pagan con transferencia electrónica. Incluso han viajado a Italia invitados por Slowfood a presentar sus frutillas.

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“Son una reliquia” nos contaba don Aurelio, lleno de orgullo. Él y su familia saben lo que tienen y lo valoran. Apostaron por preservar el cultivo de la frutilla blanca y ahora son reconocidos por ello. Protegen nuestro patrimonio, no sólo del paso del tiempo si no que también de los agentes externos que pudieran amenazar esta frágil variedad.

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Nos contaban que hace unos quince o veinte años hubo un período de ocho años sin frutillas. Las plantas no daban. Da la casualidad de que en ese tiempo pasaban aviones fumigando las plantaciones de pinos y eucaliptus. Sus frutillares son verdaderas islas en medio del desierto verde. “¿Y qué pasó después?”, preguntamos. “Después la gente alegó”. Hasta que un día dejaron de pasar los aviones y volvieron las frutillas.

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Nos llevaron en la camioneta a conocer el frutillar más bonito que tienen, que está pegado a un terreno sobrepoblado de eucaliptus.

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En el camino al frutillal hay avellanos, maquis y murtillas.

Nos prestan canastitos de mimbre para que cosechemos nosotros mismos. Nos acompaña toda la familia.

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Darling, la nieta de don Aurelio, tiene 9 años, va a la escuela Nahuelbuta del “sector escuela” y nos saca fotos con su cámara rosada que probablemente tiene más megapixeles que la nuestra.

Nos cuentan que a las frutillas no se les puede echar nada, ni químicos, ni pesticidas, ni herbicidas . Con cualquier cosa rara la planta se muere. Tienen que desmalezar a mano, pastito a pastito, a la antigua.

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“Aquí arranchamos nosotros” aclara la señora Magdalena, mostrándonos una caseta de madera semicerrada que está al costado del frutillar. Cuando llueve y es temprano en la mañana, salen los pájaros como locos a picotear las frutillas, así que los tienen que espantar ellos mismos. Se quedan en la caseta esperando el amanecer, imagino que tomando mate, conversando, hasta que aparecen las tencas y otros pájaros mal portados.

(es la caseta que se ve al fondo)

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Eran ya las 3 de la tarde y el sol hacía brillar las frutillas. Parecían restos de nieve improbable o moneditas de plata, entre las hojitas perfectas y centenares de flores minúsculas de pétalos blancos y centro amarillo... tan simples que emocionan.

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Las frutillas blancas “se toman”. Uno dice “se sacan” o “se cosechan”. No sea bruto/a. Se dice “tomar la frutilla”.

Cuando me agaché a tomar la primera me enseñaron: uno la pone en la palma de la mano y con la uña del pulgar se quiebra el tallo que la sostiene. El tallo es duro, pero con algo de presión hace “crac” y se corta.

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Volvimos a la casa con nuestras frutillas vivas en los canastros, cosechadas justo a la peor hora. “Se toman temprano o ya de tarde, con el fresco”. Con ese calor, al tocarlas parecían crías tibias y lampiñas de algún animalito.

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Apareció en la terraza un tremendo jarro con ponche de frutilla: la felicidad.

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Nos tomamos dos cañitas como ésta cada uno, conversando con la familia entera.

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Cuando el ponche ya nos había hecho efecto procedimos a hacer negocios. Nos fuimos contentos, con varios kilos de frutillas envasadas en cómodas cajitas y con una plantita que nos regaló la Sra. Magdalena.

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Nos despedimos de todos ellos, de los perros, de los maquis, las murtillas, los avellanos, las gallinas y del frutillar.

Partimos bien contentos en la camioneta a buscar el auto para irnos de vuelta a Arauco. En el camino se cruza una chancha con garabato (esos palos cruzados que les ponen para que no crucen los cercos).

- ¿Y tiene nombre?

-“Se llama Cochina”.

-“¿Y por qué tiene eso en el cuello?” le preguntamos, evidenciando nuestra ignorancia sin pudor alguno.

-“Es que le gusta comerse un trigo que tienen por aquí”, nos dice la hija de don Aurelio.

-“Nooo, si ascendió a Carabineros” la corrige don Aurelio, tentado de la risa.

(Si quiere encargar frutillas, llame a Don Aurelio al 76538888 y diga que es de parte mía. Las mandan a Santiago recién cosechadas, de un día para otro)

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Las fotos son del don R ( @vulcanisaeta )

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Loreto González
Loreto González el 17/12/2011 a las 11:23

Muchas gracias por llevarnos a pasear contigo. Se me hizo agua la boca. Anoto el número de don Aurelio, guardo el mapa para llegar algún día y empiezo a pensar qué voy a hacer con las frutillas blancas cuando las tenga en mis manos.

Gracias nuevamente y muchas felicidades por todos los éxitos.


Pilar
Pilar el 18/12/2011 a las 13:07

Que interesante, y que susto da pensar que por las fumigaciones aereas casi perdemos las frutillas para siempre.


Daniel
el 19/12/2011 a las 14:44

Escribes y nos llevas de viaje...gracias!


Pamela
Pamela el 21/12/2011 a las 22:28

ISi!! Estoy a punto de llorar, estos reportajes me emocionan totalmente, pero en este caso me has llegado al alma, tienes una pluma fantástica y se ve que la visita te inspiró. Es que no podía ser menos, las berries blancas tienen un sabor muy profundo, no podemos no hablar de "aroma y perfume" en este caso, que sí que lo tienen. En un campo cerca de Puerto Natales pude conocer frambuesas y grosellas blancas y no las olvido más. Ahora quiero estas frutillas, por supuesto que llamaré a don Aurelio de parte tuya. Muy FELIZ NAVIDAD


anabella
anabella el 25/12/2011 a las 23:57

Suertuda no más! Mish que justo y a tiempo deteada para poder ir a conocer las frutillas en su apogeo. El otro día tod@s los escuchamos atentos, para no perdernos detalles.
No pares de dejar las cosas escritas y bien fotografiadas para la posteridad.
Abrazote y que tengas un fantástico nuevo año.


Sohair
Sohair el 16/02/2012 a las 20:40
Me lantveo y te aplaudo....mas claro, imposible. Seguiremos la ruta que en un principio nos parecio correcta porque esa es la ruta que queremos seguir...Gracias, tus letras me levantan el animo

Moria- juegos de cocina
Moria- juegos de cocina el 16/03/2012 a las 11:01

Ni me imaginaba la existencia de esta especie de frutillas. Tengo que probar hacer un platillo con ellas, Saludos!


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