Ahora hay que actuar. Durante el último tiempo se ha escrito y dicho mucho acerca de la cocina chilena. Qué es, de dónde viene, cómo nos identificamos con ella.¡Basta de mirarnos el ombligo!
Mejor seamos prácticos en esta revalorización. La adaptación de nuestro paladar a la comida foránea ha traído consecuencias poco afortunadas. Por un lado, obesidad y enfermedades asociadas; por otro, la reducción de pequeños mercados de productos específicos que poco a poco van perdiendo demanda. Tanta cosa rica y sana que nada, camina o crece en nuestro territorio y ¿qué hacemos? déle con “sutchi” o el “chisburguer”.
No queda otra. Es la solución práctica. Recuperar la cocina chilena no tiene que ver sólo con recuperar “lo chileno” en cuanto patrimonio, en este caso inmaterial, sino que de recuperar una forma de vida que incluye aspectos nutricionales y económicos importantísimos. Haga usted la prueba y cocine (o coma) sólo comida chilena durante una semana. Verá que en general, no se gasta demasiado y tampoco se engorda. Una carbonada bien caliente para un día nublado, unos garbanzos de esos que quedan cremositos, pollo arvejado con puré para los mañosos, un pastel de papas doradito que alcanza para todos.
Ahora recuerde usted la once-comida. ¡Qué agradables y largas conversaciones han surgido de este engendro culinario-espacio-temporal! Esta instancia tan tirada de las mechas (donde todo sólido y líquido está permitido) también cabe dentro de la cocina chilena. Recordemos que no se trata sólo ingredientes, productos y recetas; hay todo un conjunto de ritos y saberes prácticos que sostienen a nuestra cocina y que no podemos dejar atrás.
Comer es conversar, compartir, demostrar cariño a nuestros seres queridos. Los invito a que demostremos cariño por nuestra cocina también, como una vuelta de mano. Esto no es otra cosa que ser sinceros con nosotros mismos; es regalarnos una cocina que es de verdad: sana, sabrosa y simple.
Y para celebrar, una selección de fotitos de algunos de nuestros productos y preparaciones.
Uno de mis favoritos: el salchichón de burro de Copiapó.
Sin reírse.
Piñones.
Camarones de tierra de Arauco. Es más parecido a comer insectos que crustáceos.
Guinda del huerto de la señora Olga que vive cerca de Matanzas. Guinda, no cereza.
Ponche de papaya de "El Padre Adán" en Constitución.
Tiene papayas en almíbar que hacen ellos mismos y pipeño de la zona.
Cazuela de chancho de un restorán que está en la plaza de armas de Chanco.
Costaba $1000 con pan, pebre y ensalada. La cañita de vino, $300.
Sí, es un camión de marraquetas.
Sí, es un camión de cochayuyo.
Con ustedes, doña frutilla blanca. Era la única que yo conocía hasta los 10 años.
Alegaba harto porque en mi casa la hacían ponche.
Dulces chilenos en Feria Costumbrista en Curanipe.
Ciruelas amarillas en Feria de Chanco.
Son amarillas por dentro también, tienen la cáscara muy delgada y frágil y son MUY dulces.
Mote de maíz (motemei) en feria de Chanco. Hecho con lejía de verdad, no con soda cáustica.
Choritos de Chaihuín en feria fluvial de Valdivia. Estuvimos en Chaihuín 8 días comiendo todos los días de estos choritos. Eran dulces y carnosos.
Crecen naturalmente en la desembocadura del río Chaihuín.
Choro al alicate. Con queso de verdad y longaniza de verdad.
Feria Costumbrista de Caleta El Piojo, cerca de Valdivia.
Mi comida favorita. Chaihuín.
Un clásico. En restaurant cerca de Niebla.
Y por último, unos maravillosos piures de Chaihuín en su piedra. .
Espero que les haya gustado.
¡Saludos a todos y feliz día de la cocina chilena!









Viajando y comiendo, comiendo y viajando...!!!
Tantos rincones, en la ciudad, en el país...y en cada uno un sabor, un aroma
un plato, una preparación, un vino.....
Sólo hay que querer salir a buscarlos, lanzarse a la aventura con los ojos
nariz y boca bien despiertos, atentos a cada sorpresa que si o si traera el viaje...
Feliz Día a la cocina Chilena y salú...!!!